Unos días después, Isadora no dejaba de pensar en la mujer que vio en la heladería.
Había intentado distraerse con las tareas diarias, sin éxito. Recordó las palabras de Karina: no le prestes atención, Isa. Y aun así, la imagen no salía de su mente.
¿Cómo podría ser hija de los Moreau?
Le resultaba imposible de creer. Inhaló hondo mientras limpiaba las escaleras de la mansión. Isadora miró la marca de nacimiento en su muñeca.
—Tal vez sea una coincidencia —murmuró para sí misma—. El orfanato