—¡Mateo! ¡Mateo!
Lisa Thompson corría por el comedor con una energía infantil. Tenía el cabello rubio recogido en dos coletas desordenadas y sus ojos azules brillaban por la emoción de volver a ver a Mateo.
Mateo levantó la vista de su desayuno y rodó los ojos con fastidio cuando la vio entrar.
Isadora, mientras sacudía el polvo de varios cuadros, se detuvo en seco al ver la escena y reconoció de inmediato a la mujer.
Lisa Thompson, la amiga de infancia de Mateo. Ambos aparecían en los álbu