68. No puedes obligarme.
Isolde tragó saliva con dificultad, el corazón golpeándole el pecho con una fuerza dolorosa. Podía sentir su aliento cálido en su rostro, percibir el calor que emanaba de su cuerpo, la tensión palpable que vibraba en el escaso espacio que los separaba... si es que aún quedaba alguno.
—No tienes derecho a... —intentó decir, pero la frase se quebró en su garganta, ahogada por la opresión.
—Tengo todos los derechos —la interrumpió él con un murmullo grave, sus ojos oscurecidos por una posesión imp