69. Eres un arrogante.
— No…
Susurró Isolde, su voz quebrándose como un hilo fino que se disolvió en el silencio. No entendía del todo qué estaba ocurriendo. Estaba atrapada en ese instante extraño en el que su corazón quería correr, pero su cuerpo se mantenía inmóvil, como si el tiempo mismo hubiera decidido suspenderse. Frente a ella, Damián estaba sentado en el borde de la cama, los codos apoyados en las rodillas, las manos entrelazadas. Estaba quieto, tan completamente inmóvil que parecía una estatua, pero la ten