67. No estoy negociando.
Isolde caminaba por los pasillos del castillo, cada paso un eco sordo en el silencio pétreo. Su mente seguía presa del doloroso enfrentamiento con Damián y Raven, un nudo apretado en el pecho que dificultaba la respiración. Cada zancada resonaba con un eco hueco, como si el propio castillo, con sus frías paredes de piedra, absorbiera su pesar. Sin embargo, al alcanzar la puerta de la habitación de Rowan, una tenue luz se filtró bajo el umbral, y su corazón se aligeró apenas un instante.
Abrió l