64. ¿Podemos hablar?... A solas.
El sol se derramaba entre las hojas, pintando el jardín con pinceladas doradas. La calma era un manto tibio, solo interrumpido por las risas cristalinas. Rowan, con el rostro encendido de alegría, rodaba sobre una manta extendida entre las flores. Isolde se inclinaba sobre él, cosquilleándole la barriguita, provocando sus pataleos felices.
— ¡No, no, mamá! — chilló entre carcajadas cuando ella simuló morderle el costado — ¡¡Las cosquillas nooo!!
— ¿Cosquillas no? ¿Seguro? A mí me parece que pid