55. Quiero a mi mamá…
Rowan abrió los ojos con lentitud. La luz que los rodeaba era tenue, teñida de un rojo profundo, como si se encontrara dentro de una cueva bañada por las llamas. A su alrededor, las paredes de piedra no solo eran frías y húmedas, sino que parecían respirar, latir, como si estuvieran vivas.
— ¿Dónde estoy...? — murmuró el pequeño con la voz quebrada por el sueño, un sueño en el que su madre gritaba su nombre desesperada — ¿Mamá?
— Estás en un lugar seguro — la voz de Evelyn parecía sufrir desde