27. No voy a tomarte así.
Damian no apartó la vista de ella mientras su cuerpo aún temblaba. Su pecho subía y bajaba con cada respiración entrecortada, sus labios entreabiertos e hinchados exhalaban gemidos, sus muslos aún tensos por el orgasmo que acababa de arrancarle. De hacerle tener. De provocarle él.
Porque era suya.
Esa imagen, esa visión de ella perdida en el placer que le había dado, era la prueba de que no importaban sus palabras, ni su resistencia, ni sus excusas. Su cuerpo le decía la verdad y lo cierto es q