21. No tenemos interés en un cachorro.
El vapor se elevaba en suaves espirales desde el agua caliente, envolviendo a Isolde en un breve respiro de paz.
Sus músculos dolidos agradecían el calor, aliviando aunque fuera un poco las marcas que aún ardían en su cuello.
Cerró los ojos, dejando que su cuerpo se hundiera en el agua, pero la tranquilidad duró poco.
Un recuerdo la atrapó sin previo aviso, arrastrándola de vuelta al día en que todo cambió.
Aquel día en el bosque…
El viento sacudía las copas de los árboles, llevando consigo e