Alaia abrió la puerta con una expresión neutral, aunque su interior estaba lejos de esa calma fingida. Al otro lado, Nolan la miraba fijamente, con el ceño ligeramente fruncido.
Intentaba descifrar algo en su rostro, alguna pista de lo que le estaba ocurriendo. Alaia se había secado las lágrimas antes de abrir, pero su nariz roja y los ojos ligeramente hinchados la delataban.
—¿Estás bien? —preguntó Nolan con suavidad, sin apartar la mirada de ella.
—Sí —respondió ella rápidamente, apartando l