La noche anterior, Nolan conducía por la carretera oscura de vuelta a su casa. El rugido del motor y el viento que entraba por la ventanilla entreabierta no lograban disipar la sonrisa que adornaba su rostro.
Recordaba el momento exacto en que se inclinó hacia Alaia, ella con su rostro confundido y los ojos amplios por la sorpresa. Se había quedado congelada por un instante, lo justo para que él pudiera saborear ese desconcierto.
No la había besado en los labios, no aún, pero la cercanía habí