El estruendo de la alarma seguía retumbando en los oídos de Alaia mientras corría por los pasillos, con la mente dividida entre la preocupación por Nolan y la amenaza desconocida que se cernía sobre la manada.
Sabía que algo estaba mal, muy mal. Sus manos temblaban ligeramente mientras sacaba su teléfono, esperando una nueva alerta.
Pero antes de que pudiera hacer algo, un lobo guerrero se cruzó en su camino, jadeando.
—Doctora Grayson —dijo el lobo, intentando recuperar el aliento—. Hay un a