Alaia miró a Liam con desconfianza. Algo había cambiado en el aire, y no le gustaba en absoluto.
―Vete, Liam ―dijo, con un tono más frío que antes―. No te acerques a mí de nuevo o no respondo.
Él la miró con una seriedad contenida, mientras sus ojos destellaban con una mezcla de frustración y deseo.
―Intentar conquistarte no es un crimen ―dijo él, su voz baja pero cargada de intención—. Fuiste mía y volverás a serlo, Alaia Grayson.
Alaia rodó los ojos, exasperada.
―Ya te lo dije antes —gruñó—.