Gail.
Durante los siguientes días adoptamos una rutina.
Los chicos y yo nos levantábamos al amanecer, entrenábamos un poco y luego nos dividíamos las guardias del día.
Después yo me encargaba del papeleo aburrido por "ser el Alfa". Era algo de lo que realmente no me quejaba mucho porque el padre de Déborah tenía todo en orden y solo tenía que actualizarlo durante un par de horas al día.
Al terminar seguía a los cachorros durante sus lecciones e inventaba nuevas "pruebas" para que cooperaran en