Capítulo 185.
Las lobas salieron en estampida del lugar sin mirar atrás.
Yo salí con calma y me coloqué delante de los miembros de mi manada que, para mi sorpresa, seguían estando en la misma posición en que los dejé.
Ah, tanta sumisión me daban ganas de llorar.
Que lástima que aún no olvidaba que me debían dinero y que los idiotas no me siguieron en un principio para ir y sacar de las garras de la loba loca a nuestro Alfa.
Era una Luna un poquito rencorosa.
No dije nada por unos largos minutos.