Cuando desperté aquella mañana, sentí que algo había cambiado dentro de mí. Era como si, al entregar mi cuerpo a William, se hubiera desatado una necesidad nueva, desconocida y palpitante en lo más profundo de mi ser.
Desperté con una leve sonrisa, contemplando cómo los primeros rayos de sol acariciaban la habitación, llenándola de una calidez reconfortante. Me resultó extraño que William no estuviera allí para despertarme como siempre lo hacía. El silencio se extendía por toda la casa, un vací