Se acerca con pasos lentos y deliberados, con las manos hundidas en los bolsillos de su elegante traje negro, mientras sus ojos penetrantes no se apartan ni un instante de mi figura. La tensión en el ambiente es tan densa que podría cortarse con un cuchillo. Permanezco inmóvil como una estatua, sosteniendo su mirada con la misma intensidad.
—Nos volvemos a encontrar —musita con voz aterciopelada al detenerse a escasos centímetros de mí, su aliento mentolado acaricia mi rostro—, el destino ha de