Capítulo 77. Algo que faltaba.
El aire entre ellos se detuvo, cargado de la tensión que irradiaban los dos hombres. Por un lado, estaba Enzo, cuyos ojos oscuros brillaban con una intensidad capaz de helar la médula de los huesos. Iba vestido de negro, desde las botas de cuero de sus pies hasta el abrigo ajustado que se ceñía a su cuerpo, con la cabeza rapada, sostenía la pistola con un brazo firme y extendido.
Al otro lado, Torrence. Era lo opuesto a Enzo en muchos aspectos, pero había algo parecido en su forma de estar de p