Capítulo 51. No dejes que me lleves
Ziola se quedó mirando a Piero sin poder contener sus nervios, no creía que fuera conveniente decirle esas cosas al niño, con todo lo que había ocurrido últimamente, hasta le parecía que el pequeño había perdido ese aire de dulzura e ingenuidad que siempre lo había caracterizado, pensaba en sus hijos y no pudo evitar sentir que su corazón se encogía en su pecho.
—Ziola ¿Por qué te quedas callada? ¿Acaso estás sorda que no me escuchas o los ratones te comieron la lengua? Te hice una pregunta y e