Capítulo 48. La vida no es un jardín de rosas
Ante la pregunta de la joven, el doctor le sonrió a Nicol comprensivamente, notando en su voz el desesperado anhelo de ella de sanar su alma, estaba claro que su pregunta no significaba que ella creyera que él podía curar su alma, sino que más bien era un llamado de auxilio para desahogarse de cómo se sentía en ese momento.
—Lamentablemente, no puedo curar tus heridas del alma, Nicol —le dijo el doctor con gentileza—, pero he escuchado que hablar es la mejor terapia porque ayuda a desahogar tod