Dante dejó la leña junto a la chimenea con un movimiento fluido. Al girarse y verme de pie junto a la mesa, su expresión cambió. El hombre relajado de hace unos minutos desapareció, siendo reemplazado por el depredador que siempre acechaba bajo la superficie.
—Elena, ¿qué pasa? Pareces haber visto a un fantasma.
Dejé el teléfono sobre la mesa, con la pantalla hacia abajo. Mis manos temblaban tanto que tuve que esconderlas tras mi espalda. Si él veía mi miedo, sabría que lo sabía. Y si lo que de