Se acercó al área del ventanal de su salón, donde un equipo de cuatro hombres, contratados por el asistente de su esposo, movía y acomodaba los muebles en ese tercer día de arreglos que habían tenido. La ausencia de su esposo había sido aliviada con esa tarea, que casi le ocupaba toda la atención durante el día, pero ya empezaba a necesitar que él volviera de ese viaje de negocios que lo mantenía aún, después de tres días, en Washington. Y aunque habían conversado un par de veces al día, de pro