—Quizá, pero es la única que puede darse el lujo de tildarse como su esposa —Camille se separó de ella y buscó el sillón—. Dicen que ya se había casado —Mariam frunció el ceño—. Cuando no era el gran multimillonario empresario que ahora es, pero estaba ascendiendo, y muy rápido. En el incendio que le quemó la mitad del cuerpo, perdió a su primera esposa. Volvían de un fin de semana de vacaciones.
—Pero ese hombre no está tan viejo.
—No, no, apenas treinta y cuatro años, pero se casó joven, con