En el momento en que él la tomó del brazo, alejándola del área del tocador, Melissa sintió que todo se había ido a la mierda, que la energía y su burbuja tan delicada, apenas construida en esa cena con su esposo, se arruinaron de verdad por la llegada de su período.
—¿Por qué te disculpas? ¿Qué sientes? ¿Qué sucede? —La serie de preguntas, directas y rápidas, la hicieron parpadear con rapidez—. ¡Responde! —exigió Ares.
—Yo… —Ella solo tragó saliva—. No me siento mal, estoy bien, solo… —Lo miró