El Rolls-Royce en el que él había llegado se movía por esas pistas de Nueva York que parecían demasiado vivas, dirigiéndose con rapidez hasta su casa. Renzo ya había sido despertado por su mismo jefe, el médico había llegado antes que ellos, y las empleadas, todas, mantenían atención en lo que se había anunciado como una emergencia, aunque ninguno sabía bien de qué se trataba. En el asiento trasero, Ares buscaba el pulso de su esposa. Yacía allí, con la respiración suave, aunque su piel se mant