El rugido del motor del deportivo no solo movió a ciertos visitantes del club, que abrieron la boca con asombro, también removió a los que estaban en el interior. Fue el cumpleañero quien se asomó por los vidrios polarizados que el área tenía, para ver el lujoso automóvil, que apenas parecía elevarse del pavimento, estacionarse en la parte frontal del club. Con el ceño fruncido, notó cómo dos hombres altos bajaban de una camioneta que iba tras el vehículo, pero todo fue divisar al empleado de s