—Me gusta ese plan. ¿Puede ser uno de tus Lamborghini?
—Puede ser. Te amo.
Le besó los labios con dulzura. Ella solo amplió la sonrisa ante lo mismo. Delicada, empezó a despedirse de los elegantes caballeros, de sus esposas y de aquellos que se encontraron con la pareja hasta la salida del salón. Ares fue con ella hasta el ascensor, donde tomó lugar en soledad mientras su esposo hacía las conexiones con un Gaspar que tenía a esa insolente Kimmy, ya vestida para el club, en una vaquera invertida