Ares tensó la mandíbula.
—Y vas a escucharme —agregó Maurice con voz rasposa—, porque si no, Ares, te aseguro que le diré la verdad.
Ares, quien solo se recostó un poco al respaldo de su silla, terminó lamiéndose los labios. No miró a Gaspar, pero sí pudo sentir su mirada sobre ellos. Maurice mantuvo su semblante serio, su mirada penetrante fija en el poderoso hombre frente a él.
—¿Y cuál es tu propuesta, Maurice?
Esa consulta, en una voz grave y fría, dejó al hombre algo descolocado. Si bien s