Logró soltar el suspiro que había retenido en su pecho cuando su mano fue llevada a los labios de su esposo. Una corriente fría de temor le recorrió la espalda y terminó por recostarse en el espacio de él, quien, con delicadeza, empezó a llenarle la cabellera de besitos, mientras con voz grave le indicaba que todo iba a salir bien y que tomarían la decisión, sea la que fuere, juntos, pero antes debían confirmar si esas sospechas, que prácticamente los habían mantenido tensos el resto del viaje,