La risita fue suelta mientras miraba a los empleados del hotel sacar el segundo carrito con las maletas que habían terminado acumulando de tantas cosas que compraron. La semana apenas se sintió como tal, pero ella tuvo lo que, sin duda, podía tildar como los mejores días de toda su vida, no solo de su matrimonio, sino de toda su vida en la ciudad del amor. Ahora, tomándose ese último capuchino con la Torre Eiffel ante sus ojos, se cuestionaba si volver o alargar el momento tan especial que habí