—Por Dios, Ares…
Ella, delicada, aunque ya emocional, le acunó también el rostro. Él tomó una de esas manos y le besó la palma.
—También te amo —Ares suspiró casi en calma—. Lo hago, lo quería decir desde el primer día que te dije que te quería, pero sé que el cariño no abarca por completo lo que siento por ti. Esto, lo nuestro, es el matrimonio que no solo buscaba, también era lo que necesitaba. Y si bien al principio no entendía por qué sucedía, ni por qué de esa manera, es aquí donde me doy