Cuando tocaron la puerta del baño, bajó el ritmo del agua tibia que cubría su cuerpo. La voz grave de su esposo le indicó que la cena había llegado, por lo que, tras anunciar que ya terminaba, se dispuso a realmente hacerlo. Al concluir, secó su cuerpo, lo envolvió en una bata mullida, y se acercó al espejo, buscando ese pequeño espacio que no se había empañado con el vapor de la ducha larga que se había dado luego de un día de paseo, compras y un compartir que solo podía describir como románti