Su sonrisa se amplió cuando el capitán llegó con el cóctel dulce que colocó ante ella y, tras él, un mesero con un carrito de postres encantadoramente servidos se presentó. Entre los dos acomodaron las cinco variedades únicas en la mesa.
—Vaya que es demasiada azúcar para una sola persona —la voz femenina la hizo fruncir el ceño, volteándose hacia donde la misma yacía—. Hola, querida, qué grata sorpresa.
Melissa miró a la familia de Camille ante ella.
—Somos los Quinlan —la mujer pareció necesi