—Estás rojiza. Creo que hay mucho sol para hacer ejercicio en ese espacio.
—Me puse protector solar, y la vitamina D es buena.
Él solo negó con suavidad, pero ella tomó de nuevo la mano que sostenía el vaso y, con un nuevo trago, se acabó el contenido del agua. Aunque él no pudo limpiar la humedad que quedó en sus labios, porque ella, en puntillas, lo besó.
—Creo que necesito un baño —murmuró, casi con inocencia—. La terraza está perfecta, el sol también… pero empiezo a sentir el calor. Y pensé