La sonrisa se dibujó tierna en ella cuando, luego de acomodarse las sandalias de alto tacón, se puso de pie y su hermoso vestido, por debajo de la rodilla, cayó con ese vuelo que tanto le gustaba. El entalle en el torso creaba la ilusión de una cintura más pequeña y una figura aún más de reloj de arena, lo que ciertamente le agradaba. Sus senos, resaltados por ese escote seductor, aunque muy elegante, apenas dejaban entrever un poco de su curvatura.
Acercándose al espejo de su habitación, donde