Giró sobre sus talones, cruzó el umbral de su propia habitación y caminó directo a buscarla. No iba a dejarla sola. No cuando por fin, después de esos angustiantes cinco días, habían llegado a un acuerdo. A un punto donde se marcaba, una vez más, la posibilidad de construir y vivir una relación real, un matrimonio de verdad. Pero sobre todo, no cuando por fin se permitía amar sin condiciones a quien, nunca, menos aún cuando su venganza empezó, pensó que podría. La heredera Halloway. La única. S