Ya no llevaba la ropa con la que la habían preparado para la habitación dorada. Se había cambiado por algo más suyo: ese set de pijama sedoso en un rosado pálido que la hacía sentir femenina, aunque poco importó eso en ese período en el que estuvo en soledad, pensando en lo que había vivido, en lo que había significado ese momento tenso, cargado de emociones, de perdón y hasta de sumisión, en la habitación donde su cuerpo había experimentado tanto, incluso el perdón.
Estaba descalza, el cabello