—¿En serio, mamá?
—Claro que sí, hija —Angelina le acunó el rostro—. Por supuesto que quiero que mi niña tenga algo especial, para que nunca olvide a su madre y, por supuesto, para que luego mi nieta, cuando sea una gran mujer como tú, lo herede.
Melissa no pudo evitar su dulce sonrisa, recibiendo ese nuevo abrazo de Angelina, quien emocionada le comentó lo del pastel de manzana, en el que terminó involucrándose. Si bien Melissa le señaló que no tenía mucho tiempo, la dama, insistente, le indic