cap.148

Fueron recibidos por un amable Renzo, pero Gaspar salió también al encuentro, indicándole a su jefe que necesitaba unos minutos con él. Por lo que Ares se acercó a su esposa, le tomó el mentón y le dejó un beso en los labios.

—Prepara la tina para los dos, ya llego.

—¿Vas a trabajar?

—Ya llego, colibrí. Ve.

—Okay —se elevó en puntillas, dándole un beso en la mejilla—. Sé un buen niño y cumple tu palabra —le señaló casi al oído—. Te quiero.

La achicada de mirada en Ares logró la sonrisa coqueta
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