Fueron recibidos por un amable Renzo, pero Gaspar salió también al encuentro, indicándole a su jefe que necesitaba unos minutos con él. Por lo que Ares se acercó a su esposa, le tomó el mentón y le dejó un beso en los labios.
—Prepara la tina para los dos, ya llego.
—¿Vas a trabajar?
—Ya llego, colibrí. Ve.
—Okay —se elevó en puntillas, dándole un beso en la mejilla—. Sé un buen niño y cumple tu palabra —le señaló casi al oído—. Te quiero.
La achicada de mirada en Ares logró la sonrisa coqueta