—La señora Ravage hará compras —respondió la misma empleada—, y la tienda estará cerrada por un par de horas para su comodidad.
Camille abrió la boca en shock, pero fue la primera en buscar la salida. Pronto, la misma Mariam solo se acercó a la vitrina, donde ya habían guardado los aretes que ella se quería comprar, aunque no tenía el dinero en ese momento. Tomó su bolso, pero antes de salir buscó el salón donde Melissa se había perdido.
—Ella es mi hermana —le señaló a la empleada.
—Entendido