—Buenos días, señor —saludaron casi al unísono.
—Y señora —fue la respuesta clara.
—Buenos días, señora —repitieron ahora en coro.
Melissa respondió con suavidad, pero avanzó con Ares hacia una preciosa oficina donde él la dejó pasar primero. El lugar no solo era enorme, también tenía una vista espectacular. Vio cómo Gaspar dejaba un maletín elegante de Ares, un abrigo largo y un pequeño bolso que estaba segura contenía comida.
—Renzo sigue empacándome lonchera —comentó Ares, haciéndola so