—En Nueva York son la una de la mañana —murmuró Mariam, viendo de nuevo la fotografía—. ¿Será que la maldita está llegando?
—Puede ser, quizás no es con él —respondió Camille, viendo también la fotografía desde su celular.
—Agregó un emoji de anillo, deben estar juntos —Zane agregó, yacía de pie viendo el mar desde el balcón de la habitación de su hermana—. Nueve días, con ese que empieza para ella, tiene ya Melissa de casada con ese hombre.
—Qué tan mal parece que no la está tratando, solo hay