—¡Ayúdenme! —gritó—. ¡Por favor, quítenme a estos animales! —pidió.
El nuevo grito de Melissa se elevó sobre los frondosos árboles cuando otro de los dóberman, de pelaje color chocolate, prácticamente se abalanzó sobre ella. Nuevamente no la mordió, pero, consciente de que no habría nadie que la salvara, simplemente se dio la vuelta y se echó a correr. Los canes la siguieron demasiado cerca y, cuando uno de ellos tomó la cola de su vestido, la terminó derribando.
—¡La van a matar! —gritó al