Apoyó los codos en el vidrio de la isla, se llevó el cabello hacia atrás y solo pudo soltar un suspiro, acercando su mano a su pecho, donde su corazón latía con agitación. Muchas voces le hablaban a Melissa. Unas le indicaban que aquello no era más que el despliegue de poder de un hombre que quería dejar exactamente ese mensaje: que era tan poderoso que podía entregarle todo, pero que si ella lo hacía mal, la dejaría sin nada. Mientras otra voz rozaba con delicadeza la ilusión de que quizás, a