Se encontraba perdida en el ritmo de la música, que la había desprendido, al menos por poco más de una hora, del mundo. Un mundo que había avanzado, que de alguna manera se había vuelto su enemigo y le había dejado entrever que, contra él, ella no tenía ningún poder. Los nervios no la habían dejado dormir desde hacía varias noches; su estómago se cerraba cada vez que se encontraba ante la comida, y aun cuando el vestido había sido ajustado, después de varios días con la poca ingesta de aliment