—Las cosas iban bien, la mesa era abundante, las apuestas aumentaban y, en algún momento, pareció bromear con poner a una de mis hijas como parte de la dote.
—¿Él lo sugirió?
—Sí, Angelina, fue él. Le dejé saber que mis hijos estaban comprometidos, incluso que Federico estaba casado, pero él mencionó a Melissa.
Cuando la mujer achicó la mirada, Maurice tomó un sorbo de su bebida, pero luego se puso de pie con el vaso en la mano.
—Cincuenta millones se pusieron en esa mesa. La partida