Capítulo 92. Un soplo de fe.
Samuel y Elliot se encontraban en la fría celda, un ambiente impregnado de desesperanza, pero al menos tenían la compañía del otro. Elliot, con el rostro surcado por la rabia, miró a su amigo, que tenía el aspecto cansado y golpeado.
—No puedo creer que estés aquí, Samuel —dijo Elliot, apretando los puños. —Esto es una locura. ¡Voy a matar a Castell y a Boris! Se están pasando de la raya con su absurda venganza contra los Lombardos.
Samuel suspiró, sintiendo el peso de la injusticia.
—Lo sé, El