Capítulo 96. Venganza.
Tiempo después, la atmósfera en la bodega abandonada era densa y estaba cargada de un miedo palpable. Francesco Lombardo, con su porte imponente y su mirada afilada, se acercó a Boris Andrade y Damon Castell, quienes estaban maniatados y aterrorizados. La tenue luz apenas iluminaba sus rostros, revelando la palidez de su piel y el sudor que les corría por la frente.
—¿Creían que podían jugar al héroe sin consecuencias? —dijo Francesco, su voz resonando con una mezcla de desprecio y autoridad. —