POV Elara
Ya quería que terminara, ya no quería seguir con ellos. El día se hacía largo, casi que una especie de tortura.
El sol ya estaba alto cuando regresamos del recorrido. Yo me bajé del caballo con las piernas temblorosas, no tanto por el esfuerzo, sino por la humillación silenciosa que había sentido durante toda la mañana.
—Ha sido un paseo encantador —dijo ella, acomodando su vestido, sin que una sola arruga le estropeara la compostura—. Los campos de Dalmora son tan vastos, príncipe. I