Adriano sostuvo la mirada de Leah durante varios segundos, definitivamente el silencio comenzó a volverse incómodo, pero finalmente, dejó escapar un suspiro.
—Está bien.
Leah levantó la cabeza de inmediato.
—¿Qué?
—Te doy una semana.
Los ojos de la rubia se iluminaron.
—¿De verdad?
Sin pensarlo dos veces, corrió hacia él con una enorme sonrisa, dispuesta a abrazarlo.
Pero antes de que pudiera rodearle el cuello con los brazos, Adriano levantó una mano y la detuvo.
—Ni un paso más.
Leah parpadeó